domingo, 31 de julio de 2011

Comienza la aventura.


30-07-11 // 31-07-11

He vivido algo nuevo. La primera vez que me elevo a miles de metros de altura, la primera vez que mi cuerpo está a más de 300 km por hora, la primera vez que cambio de país. La primera vez que piso otro país: Londres.

Estoy viviendo un sueño. No obstante, intento estar despierto. Paso la noche en el aeropuerto con un chaval del país vasco y mi compañera de vuelo, yoly. Estamos esperando a un hombre que viene de Jaen y pasaremos la noche en Stansted. Por la mañana Yoly y yo cogeremos un bus que nos cuesta 9 libras y nos deja a cada cual en el lugar donde nos corresponde. En mi caso Victory. De allí tendré que ir andando hasta earl court, palabras que me cuesta aun pronunciar. Hablamos de lugares para visitar, de una quedada el lunes a las 6 en Piccadily Circus, y tengo un debate: si gastar tres semanas en metro, dos o sólo una. Tengo 165 libras. Si lo cojo para tres semanas para dos zonas tendré que gastar 90 libras y contar sólo con menos de 50 libras para alimentarme, y algun lugar donde habrá que gastar algo para visitar o alguna fiesta. Cuento con 150 euros que podría cambiar en caso de necesidad y 400 euros en el banco para sacar mediante la tarjeta. Ahí está mi debate.

Tengo también inquietud sobre como llegar andando desde Victory hasta earl Court, pero me buscaré la vida.

Pasó la noche, podríamos decir que sobre las 6:00 de la mañana ya nos habíamos juntado casi 12 españoles y españolas de distintos puntos: Zafra, León, Bilbao, Cadiz, Vizcaya, Jaen, Almería, Madrid… y cada cual íbamos a lugares diferentes en el propio Londres. El sueño se había apoderado de mí pero era incapaz de dormir. Una chica de 25 años de México nos contaba batallitas mientras mis ojos enrojecían por el cansancio. Lo mejor fue cuando vimos al “Josemiguel” de “Aquí no hay quien viva” y de ”la que se avecina”… en fin…

Era hora de marcharse y buscar la residencia. Antes de ello tuve que comprar el ticker del bus y lo hice bastante bien, sin titubear, o al menos me entendió el tío: “I want to buy a ticked bus London-Stansted to Victory”; “Single or return”; “Single please, thank you”. Y también me tomé un café para poder llegar menos zombie de lo que estaba: “Sorry, I want to coffee and cold milk with sugar”(…)

Esto sólo fue el comienzo de una de las peores tres horas de esta aventura que acaba de empezar. El autobús salía a las 10 de la mañana y tardaría 1 hora y 45 minutos para llegar a mi destino:Victory. Pero no había contado con algo que marcó mi viaje: una vez dentro del bus, a eso de los 10 minutos, mientras flipaba con el paisaje, los coches por la izquierda, los letreros, el conductor con el volante a la derecha, la diversidad cultural aun dentro del bus, las casas rurales típicas inglesas, los caballos que corrían por prados verdes, etc. ; durante eso mi naturaleza me hizo una llamada de emergencia: necesitaba ir al servicio urgentemente. Fue en ese momento cuando el tiempo parecía no pasar, cuando el tráfico y los semáforos se cebaban con nosotros…

Conseguí aguantar. Durante ese mal rato conocí a una chica de León que estudia Psicopedagogía y una mujer que es profesora de catalán, francés e inglés. Me indicaron que debía hacer para llegar a Earl´s Court lo más rápido posible. Fue en ese mismo instante cuando decidí bajarme en Marble Arch y correr al macdonal más cercano para ir al servicio. Bueno, eso después de preguntar mil veces en el metro “where is the toalet please!!!??” y llevarme respuestas que no entendía o que sí entendía y que en resumen solían ser “I don´t know, sorry”. Me cansé y al salir de la estación vi el simbolito del Macdonal. Hay que decir que todo esto ocurrió mientras llevaba 10 kg de peso con la maleta y otros 7 kg con la otra de mano, junto a la chaqueta de cuero puesta para tener alguna mano desocupada… casi nada. Estaba cansado, tenía calor y… mucha, pero que mucha hambre. Y aun estaba en Marble Arth. Fue entonces cuando el debate que surgía en mi cabeza en el aeropuerto adquiría una solución: debo sacarme la Oystercard y recargar esta semana para zona 1-2. Y así lo hice. Bajé a la estación, esperé una pequeña cola y me acerqué a la ventanilla: “Sorry. I´m from Spain and I know a little english, but I try it. I want to bye the ticked or the card metre for one week, zone 1 and 2.” (risas de la dependienta y palabras que no comprendo). “It´s 30 pound” (Más o menos).

Por fin iba a coger el metro. Es muy parecido al de Sevilla. Pasas la tarjetita y entras. Pero es inmenso y además hay muchas líneas. Me fijé en el mapa y me metí donde se debía dirigir. Para ir a Earl´s Court (que vaya tela la que liaba para pronunciarlo) antes tenía que pasar por Notting Hill Gates, así que iba a ver la academia antes que la residencia. Pregunté a una chica inglesa: “sorry, this mettre go to Notting Hill Gates?” ella me afirmó con la cabeza y me preguntó con cierto tono burlesco de donde era. Le dije que español (todo esto en inglés). Al final llegué a Notting Hill Gates. Había cogido la línea de metro roja. Ahora debería coger la verde que me deja en el mismo Earl´s Court. Fue en este momento cuando lo pasé más mal de lo que llevo aquí. No hay metro, era un bus el que me llevaría y la Oystercard me valía… pero la pronunciación de bus es algo como “bass” y no comprendia lo que me decían nadie. Decidí acercarme a la escuela. David Games College estaba abierto y me atendió una mujer que se parecía mucho a mi profesora de inglés de mi facultad. Me costó la misma vida comunicarme con ella y al final lo conseguí, pero me mandó de nuevo abajo y los de abajo a un “bass” en la superficie. Estaba sólo, nadie me comprendía y comencé a asustarme. Saqué el mapa de la mochila por si podría ir andando, pero estaba a 25 minutos más o menos y estaba demasiado cansado como para ir caminando. Guardé el mapa y entonces fue cuando me entró el pánico: No encuentro la tarjeta del metro!!! Comencé a respirar rápido y los sudores me caían por la barbilla. Creía que los había perdido, pero el destino hizo que esa tarjeta se hubiera caído en el interior de la maleta al guardar el mapa, y tras rebuscar y rebuscar la encontré, suspirando muy fuertemente. Tuve una idea. Le pedí lo siguiente a los del metro: “Sorry, Can you write how I have to g oto Earl´s Court please?” Me comprendieron y cuando leí “Bus 385” comencé a reírme de mi mismo. Subí a la calle entre carcajadas. Nada me importaba ya. Nadie me conoce y estoy cansado de estar con esta tensión. Llegué a la parada del bus y no tardó mucho en llegar. El bus es como en Sevilla, sólo que tiene dos plantas, pero se pica igual. Una vez dentro del mismo hablé con una mujer para que me dijera cuándo tendría que bajarme: “Sorry, It is the first time that I´m in london and I´m lost. Can you say me when we come to Earl´s Court”, “ooh, yes, yes. Don´t worry. Where are you from kid?”; “I am from Spain, and it´s the first time that i´m out to Spain jaja”; “oh”; “…and I come to learn english. I know a little, but I don´t understand everything… well, when we came to Earl´s Court you say me?”; “yes, but I tell you, don’t say you, tell”; “ah, thank, thank a lot”; “jajajaja”. Entonces una pareja de adultos de aproximadamente 40 años que tenía a la derecha me hablaron en un idioma entrañable. “Entonces vas a Earl´s Court y eres de España”. Sorprendido me giré y afirmé sonriendo. “Muy bien, estás aquí para aprender inglés o de vacaciones…” y bueno no hace falta poner cada conversación que tuviera. Di las gracias al llegar a la parada y me fui.

Llegué a Earl´s Court Road, tenía que ir a Penywern House Road, 29. No fue difícil y al llegar llamé al timbre. Salió un chaval de ventitantos años y antes de que dijera una sola palabra me preguntó “Portillo Maya??” y yo afirme sonriendo y suspirando (por dentro gritaba siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!). Había llegado a la residencia tras casi 3 horas y media dando vueltas por el centro-oeste de Londres.

Llamé a mis padres. Pregunté sobre la conexión a Internet, sobre tiendas cercanas y baratas y sobre el inicio de las clases. El chaval sabía inglés y español, me animaba a usar sólo el inglés pero me permitía hablar en español si no había remedio. Eso me hizo sentir bien. Salí, compré leche, pan bimbo (o algo parecido), un poco de salami, queso, cocacola y espuma de afeitar. Algunas cosas para poder sobrevivir los dos primeros días antes de hacer una compra más normal. Había gastado 65 de las 165 libras que llevaba en efectivo entre autobús a Londres, café, tarjeta de metro y la minicompra que hice. Ahora tendría que comenzar a mirar aun más por el dinero. En la residencia me crucé con dos compañeros de otras nacionalidades pero no hubo saludo alguno. Pregunté si había españoles y supuestamente había uno o dos en la zona superior (yo estoy en la primera planta). Supongo que tarde o temprano los iré conociendo. Almorcé un triste sandwish con una rodaja de queso y tres de salami, junto a un vaso de cocacola. Pero me quitó el hambre y a las 4 de la tarde caí rendido en la cama. Despertaría a las 9 de la noche para tomar una merienda-cena: un vaso de leche con colacao que había metido en la maleta (menos mal) y chocolate que también llevaba.

La aventura ha comenzado.

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